La mayoría de las empresas siguen optimizando su marketing para un recorrido del cliente que ya no existe. Funnels clásicos, landing pages aisladas, secuencias de emails y retargeting pensados para un usuario que “busca en Google, compara y compra” están quedando obsoletos.
Hoy las decisiones de compra se toman de otra forma: más visual, más distribuida, más inmediata y, sobre todo, mediada por plataformas y sistemas que muchas marcas aún no entienden.
La búsqueda ya no empieza con texto, empieza con una cámara
Las personas ya no describen lo que quieren comprar. Lo muestran. Apuntan su móvil a un objeto que ven en un vídeo, en la calle o en una tienda, y esperan una respuesta inmediata.
La búsqueda visual ha dejado de ser experimental. Es comportamiento real, cotidiano y en crecimiento. Cuando alguien ve algo que le interesa, no piensa en palabras clave: abre la cámara.
Esto tiene una implicación directa y clara para cualquier negocio que venda productos físicos: si tus imágenes no son claras, completas y comprensibles para sistemas de reconocimiento visual, simplemente no existes en ese momento de decisión.
Mostrar el producto se ha vuelto más importante que describirlo. La calidad visual ya no es estética, es infraestructura comercial.
El live shopping elimina la duda y acelera la compra
Entre el “me interesa” y el “lo compro” cada vez hay menos tiempo. El live shopping comprime ese proceso hasta hacerlo casi instantáneo.
Cuando una persona ve el producto en uso, puede hacer preguntas en tiempo real y observa cómo otros compran al mismo tiempo, la fricción desaparece. No hay pestañas abiertas, no hay comparaciones eternas, no hay abandono del carrito por distracción.
Las marcas que están ganando no se limitan a vender productos. Crean eventos. Generan urgencia, contexto y confianza en directo. La conversión ocurre antes de que la duda tenga tiempo de aparecer.
La IA se ha convertido en el primer lugar de investigación
Cada vez más personas no empiezan su investigación de compra en un buscador tradicional. Empiezan preguntando a sistemas de inteligencia artificial.
Esto cambia una regla fundamental: ya no se trata de “posicionar páginas”, sino de ser recomendado. La IA no muestra diez enlaces azules. Sintetiza información, compara opciones y propone soluciones.
Si tu producto no tiene información clara, estructurada, actualizada y respaldada por reseñas reales, la IA no te recomendará. Y si no te recomienda, simplemente no entras en el conjunto de opciones que el cliente considera.
Aquí aparece una oportunidad clave para marcas pequeñas y medianas: la recomendación ya no depende solo del tamaño, sino de la claridad y la calidad de la información disponible.
Comparar es el comportamiento por defecto
El consumidor actual no pregunta si un producto es bueno. Pregunta si es mejor que la alternativa.
La comparación ya no requiere esfuerzo. Plataformas, sistemas de IA y búsqueda visual ponen opciones lado a lado de forma automática. Esto obliga a replantear cómo se presenta un producto.
Ya no basta con describir características. Hay que responder, incluso antes de que se formule, a preguntas como:
– ¿Por qué esto es mejor que otras opciones?
– ¿Qué justifica su precio?
– ¿Qué dicen los clientes que no dicen los de la competencia?
La lealtad sigue existiendo, pero es condicional. Se mantiene solo mientras el valor percibido sea claro y consistente.
La búsqueda ocurre en todas partes, no solo en Google
Las personas buscan productos en redes sociales, en vídeos, en plataformas de mensajería, en asistentes de IA y, sí, también en buscadores tradicionales.
Cada plataforma es ahora un punto de descubrimiento y, en muchos casos, un punto de compra. El contenido ya no sirve solo para atraer atención, sino para posicionar contexto y autoridad en múltiples superficies al mismo tiempo.
Los algoritmos ya no leen solo texto. Analizan audio, subtítulos, imágenes, vídeos y estructuras completas de contenido. Todo comunica intención.
Optimizar solo para un canal significa ignorar dónde realmente están buscando los clientes.
La nueva lealtad es rápida, emocional y frágil
Los productos virales generan picos de ventas y una lealtad instantánea… que desaparece con la misma rapidez con la que apareció.
Existe una nueva clase de comprador que sigue tendencias, no marcas. Compra lo que está de moda y pierde interés cuando deja de estarlo. Esto no es negativo, pero es peligroso si se confunde visibilidad con relación.
Las marcas que construyen negocio a largo plazo entienden esta diferencia. Usan las tendencias para ser descubiertas, pero invierten en experiencia, valor real y relación para convertir atención momentánea en confianza sostenida.
La verdadera oportunidad no está en perseguir cada moda, sino en transformar visibilidad en repetición.
Conclusión
La forma en que las personas descubren, investigan y compran productos ha cambiado de manera estructural. No es una moda ni una fase transitoria.
Búsqueda visual, compras en directo, investigación asistida por IA, comparación automática y plataformas fragmentadas no son tendencias futuras: son el presente.
Las marcas que seguirán siendo relevantes no serán las que tengan los mejores funnels, sino las que sepan aparecer donde el cliente realmente busca, y convertir atención en confianza.



